Ultraprocesados: un estudio no halla vínculo con cáncer colorrectal
La Nave del Misterio · · 6 min de lectura
El consumo total de alimentos ultraprocesados no se asoció con una mayor incidencia de cáncer colorrectal en 461.682 adultos estadounidenses de 50 a 71 años, seguidos durante una mediana de 18,8 años entre 1995-1996 y 2018. El equipo, dirigido por investigadores del National Cancer Institute, publicó los resultados el 15 de octubre de 2026 en PLOS Medicine; según informa Medical Daily, el hallazgo se difundió el 18 de octubre. El objetivo era comprobar si el grado de procesamiento, considerado como una categoría global, explicaba el riesgo con independencia de los alimentos concretos que forman la dieta.
Una cohorte de casi medio millón de personas
El trabajo utilizó los datos del estudio NIH-AARP Diet and Health, una investigación prospectiva que comenzó en 1995 y 1996 con adultos de entre 50 y 71 años. La muestra final estuvo formada por 274.269 hombres y 187.413 mujeres que no tenían cáncer al incorporarse. Los participantes procedían de seis estados de Estados Unidos —California, Florida, Luisiana, Nueva Jersey, Carolina del Norte y Pensilvania— y de las áreas metropolitanas de Atlanta y Detroit.
La alimentación se estimó mediante un cuestionario de frecuencia que incluía 124 alimentos y bebidas, además de preguntas sobre productos ricos en fibra y métodos de preparación. Los investigadores clasificaron las respuestas según el sistema NOVA, que agrupa los alimentos por su grado de procesamiento. Durante el seguimiento se registraron 10.075 casos de cáncer colorrectal: 4.787 afectaron al colon proximal, 2.633 al colon distal y 2.389 al recto.
El resultado cambia al mirar los alimentos concretos
La ingesta mediana de ultraprocesados fue de 293 gramos por cada 1.000 kilocalorías, equivalente al 43% de la energía diaria. Al comparar el quinto de participantes con mayor consumo con el quinto de menor consumo, la razón de riesgo fue de 0,97, con un intervalo de confianza del 95% entre 0,91 y 1,03. La diferencia no fue estadísticamente significativa y tampoco aparecieron variaciones claras según el sexo o la localización del tumor.
La imagen cambia cuando se separan los productos por su composición. El consumo de carne procedente de alimentos ultraprocesados se relacionó con una mayor incidencia, al igual que la carne de fuentes menos procesadas. En cambio, los cereales integrales, la fibra, los lácteos y el calcio se asociaron con una incidencia menor, incluso cuando algunos de esos nutrientes llegaban a través de productos clasificados como ultraprocesados.
El estudio también calculó qué ocurría al sustituir un 10% de los gramos procedentes de ultraprocesados por alimentos mínimamente procesados. Esa sustitución se asoció con una reducción relativa del 2% en la incidencia, un resultado modesto que no demuestra por sí solo que el cambio de dieta cause una protección. En el propio análisis, el 82,8% de la ingesta de cereales integrales procedía de productos clasificados como ultraprocesados, mientras que el 74,3% de la carne procesada estaba dentro de esa misma categoría.

Un hallazgo que no zanja el debate
El resultado contrasta con investigaciones anteriores. Un estudio publicado en BMJ en 2022 siguió a 46.341 hombres y 159.907 mujeres de tres cohortes estadounidenses de profesionales sanitarios. Durante entre 24 y 28 años de seguimiento se documentaron 3.216 casos de cáncer colorrectal. En los hombres situados en el grupo de mayor consumo de ultraprocesados, el riesgo fue un 29% superior al del grupo de menor consumo; en el cáncer de colon distal, la diferencia llegó al 72%. No se observó una asociación global equivalente en las mujeres.
Las investigaciones no son directamente comparables: utilizan poblaciones distintas, cuestionarios diferentes y formas no idénticas de medir la ingesta. El artículo de PLOS Medicine recuerda que los estudios prospectivos publicados hasta ahora han ofrecido resultados mezclados. También señala que la composición de una dieta con muchos ultraprocesados puede variar entre países: no es lo mismo que el porcentaje proceda sobre todo de carnes procesadas que de pan integral, cereales o yogur.
Qué demuestra el estudio y qué queda por resolver
La principal conclusión es limitada pero relevante: en esta cohorte de adultos estadounidenses de más edad, el volumen total de ultraprocesados no permitió predecir una mayor incidencia de cáncer colorrectal. Eso no significa que estos productos sean saludables ni que el procesamiento carezca de importancia en otras enfermedades. Tampoco permite extrapolar el resultado a jóvenes, a poblaciones más diversas o a los productos disponibles actualmente.
Los propios autores reconocen varias limitaciones. La dieta se midió una sola vez, a mediados de los años noventa, y los participantes tuvieron que recordar su consumo. Además, el cuestionario fue diseñado para estimar nutrientes, no para identificar con precisión el nivel industrial de procesamiento de cada producto. La clasificación tampoco permitió analizar de forma específica los aditivos porque no se disponía de todos los datos de ingredientes.
La American Cancer Society mantiene sus recomendaciones: priorizar cereales integrales y alimentos ricos en fibra, y limitar la carne roja y la carne procesada. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer considera carcinógena para los seres humanos la carne procesada por su relación con el cáncer colorrectal. Por tanto, el nuevo trabajo no justifica abandonar las pautas actuales, sino interpretar con más cuidado una etiqueta amplia que reúne alimentos muy diferentes.
El misterio científico que queda abierto no es si todos los ultraprocesados son buenos o malos, sino qué componentes concretos —carne procesada, fibra, azúcares, grasas, sal, aditivos o la combinación completa de la dieta— explican cada riesgo. Para responderlo harán falta estudios que midan de manera repetida la alimentación actual y que identifiquen con mayor precisión la composición de los productos.
En definitiva, el estudio desplaza la pregunta desde cuánto se procesa un alimento hacia qué contiene y con qué frecuencia se consume. Su resultado tranquiliza sobre una asociación global que no apareció en los datos, pero no convierte a los ultraprocesados en una categoría inocua ni sustituye la evidencia acumulada sobre la carne procesada y la prevención del cáncer colorrectal.
Fuente: Medical Daily
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