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Artemis II observa cinco impactos lunares y nuevas pistas geológicas

La Nave del Misterio · · 7 min de lectura

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La nave Orion de Artemis II pasa frente a la Luna durante el vuelo de reconocimiento.

La NASA ha publicado el 7 de octubre el informe científico preliminar de Artemis II, que reúne fotografías, grabaciones, dibujos y anotaciones realizadas por sus cuatro astronautas durante el vuelo alrededor de la Luna. El material, disponible para investigadores y público en el archivo Planetary Data System, documenta cinco destellos producidos por impactos en la superficie lunar, variaciones de color que ayudan a interpretar la geología y un eclipse solar total observado desde la cara oculta. Según informa Universe Today, el objetivo es convertir una breve misión tripulada en una base de datos útil para las próximas expediciones.

Una travesía convertida en archivo científico

Artemis II despegó el 1 de abril de 2026 con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen a bordo de la nave Orion. La misión duró 9 días, 1 hora y 32 minutos, y su momento central llegó el 6 de abril, cuando la tripulación realizó el sobrevuelo lunar. Durante aproximadamente siete horas, los astronautas se turnaron junto a las ventanillas para fotografiar el terreno, describir lo que veían y señalar detalles sobre tabletas de trabajo.

La publicación oficial de la NASA explica que el conjunto supera los 800 gigabytes e incluye más de 11.000 imágenes y vídeos en alta resolución, además de 8,5 horas de audio con observaciones científicas. No se trata únicamente de una colección de fotografías espectaculares: las voces de los astronautas, sus bocetos y la localización de cada observación aportan información sobre qué rasgos llamaron su atención y bajo qué condiciones de iluminación fueron vistos.

Cinco destellos en la noche lunar

Uno de los resultados más llamativos son cinco breves destellos de luz observados cuando Orion se encontraba al otro lado de la Luna. La nave estaba a unas 46.000 millas de la superficie y la tripulación aprovechó la oscuridad creada por el eclipse para buscar señales de pequeños cuerpos que chocaran contra el suelo lunar. El equipo científico descartó que las luces procedieran de rayos cósmicos o de reflejos de la propia nave, y las identificó como destellos de impacto.

La Luna no tiene una atmósfera densa que frene o desintegre los meteoroides antes de alcanzar el suelo. Por eso, incluso fragmentos pequeños pueden liberar suficiente energía al golpear el regolito para producir un resplandor visible desde el espacio. Universe Today recoge una estimación preliminar según la cual los cuerpos responsables no superarían los cinco centímetros de diámetro. La importancia de estas observaciones no está en el tamaño de los fragmentos, sino en ayudar a calcular con más precisión la frecuencia de los impactos y el riesgo que suponen para vehículos, equipos y futuros asentamientos.

Los astronautas no obtuvieron una fotografía nítida de cada destello, porque estos fenómenos duran demasiado poco para reaccionar con una cámara. En su lugar, varios miembros de la tripulación marcaron sobre una representación de la Luna el lugar y el momento aproximado de lo que habían visto. La NASA considera que esas anotaciones, combinadas con las comunicaciones y los datos orbitales, constituyen una prueba independiente de que los fenómenos no fueron simples reflejos.

La Luna oculta el Sol y deja visible la corona solar durante el eclipse observado desde Orion.
Foto: K / Pexels

Colores y sombras para leer la geología lunar

El informe también recoge una Luna menos gris de lo que suele mostrar una fotografía convencional. Desde Orion, los astronautas distinguieron matices negros, grises, blancos, marrones, ocres, verdes y azulados. La NASA relaciona esas diferencias visuales con variaciones en los materiales de la superficie: los tonos azules pueden asociarse a rocas volcánicas ricas en titanio, los marrones a distintos niveles de hierro y los verdes a vidrios formados durante erupciones antiguas o impactos.

Estas asociaciones no equivalen por sí solas a descubrir nuevos minerales. Son indicios que deben compararse con mediciones obtenidas por instrumentos científicos. Para ello, las imágenes de la tripulación se están cotejando con los mapas y fotografías de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter. La comparación permite estudiar cómo cambian el brillo, el contraste y la textura aparente según el ángulo de observación, un factor especialmente importante para quienes trabajen en las regiones polares.

La tripulación prestó además atención al terminador, la frontera entre la zona iluminada y la zona nocturna. Allí la luz solar llega con un ángulo muy bajo y proyecta sombras largas que resaltan cráteres, elevaciones y depresiones. Ese tipo de iluminación se parece a la que encontrarán los astronautas cerca del polo sur lunar, donde el Sol permanece bajo sobre el horizonte durante largos periodos. La experiencia de Glover y sus compañeros ofrece así una referencia práctica para futuras tareas de navegación y reconocimiento.

Un eclipse de 54 minutos y una mirada completa a la Tierra

Durante el paso por la cara oculta, la Luna bloqueó completamente el Sol durante 54 minutos para la tripulación. Esa duración fue muy superior a la de un eclipse total visto desde la superficie terrestre y permitió observar la corona solar con una perspectiva poco habitual. La corona es la atmósfera exterior del Sol y está relacionada con el viento solar y el clima espacial, fenómenos que pueden afectar a las comunicaciones, los sistemas electrónicos y la seguridad de los astronautas.

La oscuridad también dejó al descubierto objetos que normalmente quedan ocultos por el resplandor solar. Los astronautas observaron la luz zodiacal, producida por el reflejo de la luz solar en partículas de polvo interplanetario, además de estrellas, galaxias, la Vía Láctea, Marte y Saturno. El eclipse funcionó, por tanto, como una ventana para estudiar a la vez la actividad solar, el entorno interplanetario y la superficie lunar iluminada de forma indirecta.

Una base para las próximas misiones

Otro de los documentos destacados por la NASA es una imagen de la Tierra tomada el 2 de abril desde unos 6.000 millas de distancia. La fotografía, iluminada por la luz reflejada de la Luna, permite distinguir sistemas meteorológicos, auroras en ambos polos, capas atmosféricas, un penacho de polvo sahariano, relámpagos sobre la cuenca del Congo y luces urbanas del norte de África y la península ibérica. Los satélites en órbita ofrecen observaciones esenciales, pero suelen registrar franjas parciales; desde el espacio profundo, Orion pudo mostrar el disco terrestre de una sola vez.

La NASA ha difundido junto al informe preliminar un documento sobre las operaciones científicas y una guía para usuarios de los datos. Su valor inmediato está en facilitar el trabajo de otros investigadores, no en presentar conclusiones definitivas sobre la Luna. Muchas interpretaciones deberán contrastarse con mediciones orbitales, modelos geológicos y nuevas observaciones. El material ya está ayudando a preparar la ciencia de Artemis III y de las siguientes misiones, especialmente las que se acerquen a las zonas polares.

Conclusión. Artemis II no solo llevó de nuevo a seres humanos hasta las proximidades de la Luna: también demostró que sus percepciones, anotaciones y decisiones en tiempo real pueden complementar décadas de exploración robótica y abrir nuevas preguntas sobre nuestro satélite.

Fuente: Universe Today

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